2011 | 320 pp. | Impedimenta | The Moving Toyshop | 9788415130208

 

“Una juguetería que se está quieta en el mismo sitio es un elemento muy poco sospechoso, ¡pero una tienda de juguetes que se mueve…! ¡Santo Cielo! ¡Eso pide a gritos una investigación!”


¿Por qué La juguetería errante? La edición de esta novela es un elemento más que suficiente para tentar a cualquier lector que se acerque a las novedades editoriales en un paseo ocasional por alguna librería. Pero, además, si en vez de leer la sinopsis, el lector hojea sus páginas y lee la nota inicial, ya no hay vuelta atrás. El libro empieza con una frase del propio autor que plasma a la perfección la extravagancia y el sutil estilo humorístico que ofrece esta alocada aventura: “Nadie, salvo los crédulos más obtusos, supondrán que los personajes y los acontecimientos de esta historia pueden ser otra cosa que ficticios. Es cierto que la vetusta y noble ciudad de Oxford, de todas las poblaciones de Inglaterra, la progenitora más probable de acontecimientos y personajes improbables. Pero todo tiene sus límites“.


Impresiones: Esta novela, publicada originalmente en 1946, es la tercera de la saga de Gervase Fen, un profesor de lengua y literatura inglesa en el St. Christopher College, Oxford, de personalidad fuerte y desconfiada, y aficionado a la resolución de crímenes imposibles. En el caso concreto de la misteriosa juguetería fantasma, su compañero de aventuras es Richard Cadogan, un poeta desencantado con la rutina londinense que elige la ciudad universitaria inglesa más famosa del mundo para disfrutar de unos días de vacaciones. Sin embargo, su estancia no podría ser más atribulada. Todo comienza cuando, tras llegar a la ciudad ya bien entrada la noche, la puerta abierta de una tienda de juguetes le invita a involucrarse, inconscientemente, en una infantil y surrealista conspiración que culmina con el asesinato de la legitima heredera de una fortuna considerable. Pero, el problema surge cuándo al día siguiente su relato de los hechos parece más bien una invención imaginativa, puesto que la juguetería se ha esfumado en el aire y todo lo que su memoria ha registrado minuciosamente está muy lejos del escenario que se plantea ante la mirada diligente de la policía. No obstante, la excentricidad del asunto aviva el interés del profesor Fen, que decide emprender una investigación particular para solucionar un enigma en que las pistas se esconden en el seno de versos humorísticos.


Tras esta breve exposición, quiero destacar que para mí leer esta peculiar novela negra ha sido como estar sentada en el suelo de una biblioteca, acompañada de los grandes maestros de la literatura inglesa, a jugar al conocido juego de mesa ‘Cluedo’ (un juego de asesinato y misterios en el que cada jugador caracteriza a un personaje dentro de una mansión y cuyo objetivo es descubrir quién cometió el crimen, dónde y con qué arma). Todo ello porque sus páginas están envueltas en un ambiente cultural potente y místico, que hará las delicias de cualquier aficionado a las letras. La pareja de eruditos y detectives hace uso de fragmentos de los clásicos de la literatura para ilustrar sus brillantes y ponderadas reflexiones (Lewis Carroll, John Galsworthy, entre otros). Además, en los momentos de quietud, se entretienen con acertijos literarios, entre los que destacan la enumeración de personajes de ficción detestables, de libros infumables y de los versos más espantosos de Shakespeare. Y, curiosamente, una de las autoras que tienen en la mira es la inmortal Jane Austen (“- ¡Te gané! – dijo Fren triunfalmente – Has perdido turno. Esas vulgares zorrillas cazamaridos de Orgullo y Perjuicio.“).


Como se puede comprobar, esta es una novela con una trama original, que rompe con el convencionalismo del género para ofrecer al lector momentos de tensión, espontaneidad y anécdotas irresistibles. Sirvan como ejemplo las propias palabras de Fen a la hora de retratar su afición, posicionándose un escalón por debajo de los consagrados detectives que rondan en la literatura mundial: “Y sin embargo creo que yo debería deducir algo… Ese tipo tan listillo, Holmes, lo habría desmenuzado… era muy bueno con los anuncios por palabras de los periódicos“. No obstante lo anterior, hay que puntualizar que la lectura pierde algo de su vigor y frescura en los últimos capítulos del libro, coincidiendo con la descubierta y persecución desenfrenada del asesino por las congestionadas calles de la ciudad. Pero, aparte de ello, esta es una novela imperdible.


De una forma divertida, aunque al más puro estilo británico, “La juguetería errante” sobrepasa las fronteras de la novela negra, permitiendo al lector ampliar su cultura general y conocimientos literarios. En mi opinión, es imposible no quedarse totalmente rendido ante una historia trepidante tan bien contada y redactada, su fascinante trasfondo y el retrato de un inusual y pretencioso detective amador que cita constantemente al conejo apresurado de la novela “Alicia en el país de las maravillas“.

 

Edmund Crispin (1921 – 1978), cuyo verdadero nombre era Bruce Montgomery, asistió al St. John’s College en Oxford, donde se licenció en Lenguas Modernas y donde fue organista y maestro de coro durante dos años. Cuando se le preguntaba por sus aficiones, Crispin solía decir que lo que más le gustaba en el mundo era nadar, fumar, leer a Shakespeare, escuchar óperas de Wagner y Strauss, vaguear y mirar a los gatos. Por el contrario, sentía gran antipatía por los perros, las películas francesas, las películas inglesas modernas, el psicoanálisis, las novelas policíacas psicológicas y realistas, y el teatro contemporáneo. Publicó nueve novelas así como dos colecciones de cuentos, todas protagonizadas por el profesor de Oxford y detective aficionado, Gervase Fen. Novelas que le hicieron ganarse un lugar de honor entre los más importantes autores ingleses de novela clásica de detectives. Crispin dejó de escribir novelas en la década de los cincuenta, pero continuó redactando reseñas de novelas de detectives y de ciencia ficción para el Sunday Times. Murió de un ataque al corazón en 1978.

 

Clasificación: Hilarante, trepidante y adictivo. ¡Os la recomiendo!

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