2011 | 496 pp. | Suma | Ape House | 978848365238


Tras el éxito de su fascinante novela Agua para Elefantes sentí curiosidad por leer algo más de esta autora y cuando me acerqué a la librería para elegir mis libros para las vacaciones ahí estaba, en la sección de novedades, su más reciente novela. Para muchos lectores seguramente que éste último se presentará como una profunda decepción, pero ¿como replicar el viaje en el tren de los años 30, cargado de dulzura, venganza y coraje, que muchos deseaban que no llegara nunca a su destino?


Sinopsis: Como se esperaba, Sara Gruen vuelve a acercar el lector al mundo animal, aunque esta vez los protagonistas son seis adorables y divertidos bonobos, una científica solitaria del Laboratorio de Lenguaje de Grandes Primates (Isabel Duncan) y un periodista (John Thigpen) centrado en su matrimonio que busca su momento de gloria. Tras las presentaciones formales, es una explosión que hace volar el laboratorio por los aires que marca realmente el inicio de la historia. A partir de ese momento, Isabel busca encontrar los seis bonobos que se esfumaron en el aire (a quiénes considera su verdadera familia) y John intenta conciliar la inseguridad de su mujer con su propia e inestable carrera profesional. Algunos capítulos después, el misterio se desvanece cuando una atronadora voz de barítono en la televisión da la bienvenida a La casa de los primates. Un reality showdonde los simios son los jefes y nunca se sabe lo que puede ocurrir. ¡Cincuenta y nueve cámaras! ¡Seis primates! ¡Un ordenador y un saldo ilimitado!“, pero que carece de dramatismo, diversión, efecto sorpresa…peleas, alianzas, venganza. El tipo de eventos que hipnotiza una audiencia más fascinada por su actividad sexual que por sus habilidades cognitivas.


Impresiones: Una historia sencilla y entretenida, en que el romance vuelve a quedar en un segundo plan, pero, a la vez, con un toque satírico y caricaturesco muy ingenioso sobre la especie humana. Junto a la valiosa información que nos brinda la autora sobre la comunicación bidireccional entre humanos y primates y sus avances, el lector se encuentra también ante una crítica bastante directa a las prácticas o experimentos médicos con animales, a los patrones de consumo alimenticio actuales y, como no podría ser de otra manera, a la degradación de algunas modalidades televisivas.


Por otro lado, al igual que ocurría en Agua para Elefantes, su lenguaje asequible hace que la lectura sea muy amena, consiguiendo entretener al lector y mantenerlo enganchado. En este sentido, cabe aún destacar su esfuerzo en reflejar en las páginas de sus obras eventos históricos o datos verídicos sobre las historias de aventura que nos presenta, instruyendo al lector con perspicacia. Respecto a su último libro, me ha cautivado el hecho de la propia autora haber estudiado lingüística y aprendido un sistema de lexigramas, que le permitió acceder al Great Ape Trust de Des Moines (Iowa).


Como ya antes he adelantado, y aunque esta novela también me ha hecho disfrutar, Agua para Elefantes continua a ser su único libro que merece un lugar de destaque en mí estantería de favoritos y mí sincera recomendación.

 

Clasificación: Lectura veraniega


Otras novelas de la autora: Agua para Elefantes

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