Según la revista estadounidense Forbes y las estimativas facilitadas por Nielsen BookScan, James Patterson es el escritor mejor pagado del mundo, gracias a sus populares novelas de suspense, que le reportaron en el último año 84 millones de dólares con la publicación de 10 obras. A este le siguen otros nombres tan desconocidos para mí como Stephenie Meyer, la autora de la saga “Crepúsculo”, y Janet Evanovich. De entre los escritores que si conozco, cabe destacar la autora de novelas románticas Danielle Steel, que ocupa la segunda posición, y Stephen King, conocido por sus novelas de terror.

Desde otra óptica, Forbes afirma también que “la época de oro del mundo editorial ha terminado”, aunque los autores de best-sellers “no han resultado heridos”, ya sea por su fuerte apuesta en el mercado de los libros electrónicos o la diversificación de sus marcas en los contratos con los medios de comunicación y mediante licencias de todo el tipo. Por todo ello, podría decirse que el secreto no reside, en exclusivo, en la idealización de enredos de fantasía o misterio, sino más bien en la habilidad de desarrollar un conjunto de mecanismos que impulsen su consagración, ya sea mediante adaptaciones cinematográficas o televisivas, juegos, etc. Un claro ejemplo de ello es el caso J.K Rowling, principalmente conocida por ser la creadora de la serie de libros Harry Potter, cuyos lanzamientos originaban colas inimaginables  y una ansiedad excesiva. Consecuentemente, en 2008, el Sunday Times Rich List estimó su fortuna en 560 millones de libras, siendo la duodécima mujer más rica en Gran Bretaña. Forbes ubicó a Rowling en el cuadragésimo puesto en su lista de las celebridades más poderosas de 2007, y la revista Time la seleccionó como «Personaje del Año» en el mismo año, resaltando la inspiración social, moral y política que le ha dado a los personajes de Harry Potter. No obstante, hasta el momento, J.K. Rowling se ha recusado seguir la tendencia marcada por la era digital, manteniéndose fiel al toque del papel, lo que se ha traducido en un descenso vertiginoso hasta la última posición del ranking objeto de análisis.

Pero si esto es así al otro lado del oceano, en España el negocio de los libros electrónicos está aún lejos de las cifras del mercado internacional. Según el último informe  disponible sobre la Situación actual y perspectivas del libro digital (Observatorio de la Lectura y el Libro), las novedades siguen ocupando un espacio limitado en la oferta de las editoriales españolas, puesto que su principal apuesta ha estado asociada a los libros técnicos. Al miedo a la piratería se une un IVA que incrementa el precio del libro electrónico y que dificulta el establecimiento de políticas de precios competitivas, tanto respecto al libro en papel, como a otros mercados internacionales.

No obstante lo anterior, es innegable que, en los últimos años, se ha asistido a un crecimiento sin precedentes de la digitalización de la vida de los individuos y de la adopción de Internet como instrumento habitual en las actividades diarias. Esto abre un nuevo mundo de posibilidades en la forma de acceder y manejar cualquier tipo de información de interés y, seguramente, con el tiempo, también el universo literario se valdrá de las tecnologías para su expansión y reconfiguración.

Para terminar, no me gustaría dejar el tema por aquí, en que datos estadísticos superan las mil y una sensaciones que aportan los libros en su formato más genuino. Aunque sea una seguidora entusiasta de la sociedad de la información, no puedo negar que me encanta sentir el toque de las hojas de papel y observar en las páginas el paso del tiempo. Por ello, las lecturas digitales las reservo a la esfera profesional: informes que nunca más terminan, en que la posibilidad de realizar una búsqueda por palabras resulta fascinante; consulta de las noticias de última hora, etc.


Y tú, ¿Ya te has dejado conquistar por los libros electrónicos? ¿Cuales son sus principales ventajas e inconvenientes?

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