Ébano, de Ryszard Kapuscinski (2003):

El comienzo, el impacto Lo primero que llama la atención es la luz. Todo está inundado de luz. De claridad. De sol. Y tan sólo ayer: un Londres otoñal bañado en lluvia. Un avión bañado en lluvia. Un viento frio y la oscuridad. Aquí, en cambio, desde la mañana todo el aeropuerto resplandece bajo el sol, todos resplandecemos bajo el sol. Tiempo ha, cuando los hombres atravesaban el mundo a pie o a caballo o en naves, el viaje los iba acostumbrando a los cambios.



El tiempo “Los hombres del lugar, los africanos, perciben el tiempo de manera diferente. (…) El tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. Es una materia que bajo nuestra influencia siempre puede resucitar, pero que se sumirá en estado de hibernación, e incluso en la nada, si no le prestamos nuestra energía. El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre.


Todo lo contrario de la manera de pensar europea. Traducido en la práctica, eso significa que si vamos a una aldea donde por la tarde debía celebrarse una reunión y allí no hay nadie, no tiene sentido la pregunta “¿Cuándo se celerará la reunión?” La respuesta se conoce de antemano: “Cuando acuda la gente.”


El Catálogo de la exposición África en la mirada del propio autor se puede descargar aquí.

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