2009 | 544 pág. | Debolsillo | Book Thief | 9788483468807


Sinopsis: “Érase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la muerte contaba su propia historia. En el pueblo vivía una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar al horror de la guerra. Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras” (contraportada).


Se dio cuenta de que era mucho más fácil hallarse a las puertas de algo que haberlas cruzado. Aún le llevaría un tiempo…


Impresiones: Este libro, ambientado en la Alemania nazi, traslada el lector a Molching, cerca de Munich, al número treinta y tres de Himmelstrasse, uno de los barrios más pobres de la ciudad. La protagonista es una niña de 9 años llamada Liesel, que no sabe ni leer ni escribir, y que ha perdido a su hermano en un tren en marcha que corría a toda velocidad para llevarla a su nuevo hogar. Sus dos padres de acogida, Hans y Rosa Hubermann, son muy distintos entre sí. La madre tiene mucho carácter y es la maestra de los insultos, mientras él es un pintor cálido y afable, que además toca el acordeón (el padre que Liesel nunca ha conocido). Otros dos personajes importantes son Rudy Steiner y Max Vanderburg. Rudy, su mejor amigo y compañero de juegos y delitos, es inteligente y un deportista que siente una gran admiración por el atleta Jesse Owens. Ya Max es un joven judío que se encuentra escondido en el sótano de la casa de Liesel, donde escribe dos libros ilustrados sobre las páginas arrancadas y pintadas de blanco del “Mein Kampf”. Pero, como muchos ya sabéis, lo más singular es que, en el mismo prólogo, la Muerte se presente como el narrador de la historia, revelando como ha conocido la ladrona de libros, que vendría a cruzar su camino en otras dos ocasiones.


En concreta referencia a este último aspecto, cabe destacar que, aunque a veces pueda resultar algo siniestro, es la Muerte quién mantiene el lector atrapado entre las páginas del libro de principio a fin, en la medida en que al inicio de cada parte empieza a destripar sutilmente el final, pero luego retrocede y vuelve a retomar la historia dónde la ha dejado. Además, es también mediante este “concepto” abstracto que rodea la vida, que el autor introduce su mirada mordaz sobre los acontecimientos de este periodo en general y sobre la ideología nazi, en particular. Por otra parte, y en mí opinión, sus palabras y las sensaciones que transmite se aproximan al papel que desempeña un narrador en la representación a media luz de una obra de teatro. Escondida detrás del escenario y como si de la voz de la conciencia de los personajes se tratara, consigue captar la atención del lector en todo momento, ya sea mediante el sarcasmo e ironía de sus intervenciones o cuándo emprende dóciles caracterizaciones sobre si misma.


No obstante, el valor de esta obra no se restringe a su excéntrico narrador. Desde mi perspectiva, el autor también ha logrado con éxito enaltecer el poder de las palabras y la fuerza que emana del hecho de poseer y pasar las páginas de un libro. El desarrollo de la propia historia está marcado por los distintos libros que recolecta Liesel a lo largo de los años, ya sean fruto de sus pequeños delitos o regalos. Es decir, el libro está dividido en diez partes, cada una correspondiente a un libro distinto, y el título de ese libro guarda una  conexión crucial con los hechos que suceden a continuación. Por ejemplo, “El manual del sepulturero” (primera parte), de tapa negra y letras en relevo doradas, representa la última vez que vio a su hermano y su madre en un cementerio cubierto de blanco, “Mein Kampf” (tercera parte) ha llegado a sus manos a través de Max, su compañero judío de lectura y escritura, y por aquí me quedo para no desvelar más de lo que es necesario. Dicho esto, no hay que olvidar, por último, que a lo largo de la obra, he contabilizado trece libros en total, y según el autor sólo diez han sido dignos para encabezar las partes en que se divide el mismo. Uno de los que se queda fuera, en concreto, es “Una canción en la oscuridad”, lo cuál está intrínsecamente relacionado con el momento en que empiezan a caer las bombas en la pequeña ciudad de Molching (“una sorda canción en los labios acantonadas de Rosa“).


Desde otra óptima, la historia está bien escrita, y alterna la descripción y el diálogo de forma satisfactoria. Asimismo, es una obra que se lee bastante bien, en la medida en que el lector no será vencido por la monotonía en ningún momento.


Por todo ello, este libro me parece una opción recomendable. No ha sido el mejor libro que he leído este año, pero ha cumplido mis expectativas y me mantuvo con los ojos abiertos ya bien entrada la noche. Por lo demás, creo que sólo me queda resaltar que, si a alguno le echa para atrás leer otra novela sobre este periodo negro de la Historia que se nombra a menudo en el universo literario, en “La ladrona de libros” éste no es más que un silencioso trasfondo de todo lo que acontece. Para mí, la novela podría tener como telón de fondo cualquier otro conflicto armado y no perdería su encanto. Su belleza reside en la bondad y coraje de los personajes, y en las aventuras y desventuras que emprenden.


Markus Zusak (1975, Sidney), un joven autor, se ha estrenado en el universo literario con la obra  “I am the messenger” (2005), con la cuál ha ganado uno de los premios más prestigiosos que su país dedica a la literatura juvenil. “La ladrona de libros” (2007), que se inspira en lo que sus padres vivieron en Alemania y Austria durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido otro gran éxito.

 

Clasificación: Recomendado