2011 | 432 pág. | Punto de Lectura | 9788466325288

 

¿Por qué La voz dormida? He descubierto esta novela de la mano de Susana Hernández en Libros y Literatura. Pero, como no disponía de cualquier otra referencia, he decidido investigar un poco más. Ahí, me encontré con una entrevista a la autora publicada en la Revista de estudios literarios (22) de la Universidad Complutense de Madrid, dónde Chacón comentaba su necesidad personal de conocer la historia de España que fue censurada y silenciada: la historia de las mujeres. En palabras de la misma, “esa es la voz silenciada, la figura en la sombra. La historia con minúscula es la que me ha servido para darle carne a los personajes e incorporar a cada uno de ellos una historia real”. Y, a partir de aquí, ya contaba con todos los elementos para tomar una decisión acertada, y adentrarme, por primera vez, en los años de la Guerra Civil española y en la inmediata posguerra.


Y no es fácil. Palabras que engañan la ausencia pero señalan la distancia. No, no le resulta fácil saber que la vida transcurre fuera de la prisión, y que él es tan sólo un testigo inmóvil que asiste a los acontecimientos a través de los otros, desde lejos. Siempre desde lejos.


Impresiones: En la madrileña prisión de Ventas, galería número dos, cuatro reclusas comparten el luto y los recuerdos silenciados por el dolor que cargan en sus almas pintadas de rojo, amarillo y morado. Hortensia, la cordobesa de trenzas negras que carga siempre consigo un cuaderno azul y una pequeña en el vientre, Reme, que es pura inocencia, Tomasa, de piel color de aceituna que no se permite llorar, y Elvira, la chiquilla valenciana pelirroja, que aún insiste en soñar. Sin embargo, la protagonista la encontraremos al otro lado del recinto aislado de este edificio, en concreto en una habitación de una pensión en Atocha. Conocida como Pepita, ésta es la hermana de Hortensia, la amante del mítico Chaqueta Negra (líder de un grupo de guerrilleros defensores de la República afiliados al Partido Comunista) y la madre adoptiva de Tensi. Pepita se define a sí misma como frágil, menuda e indefensa, aunque su personaje soporte una evolución profunda a lo largo de la historia, que conducirá el lector a identificarla como un símbolo de coraje desconocido y fuerza interior. Una guerrera de ojos azulisímos incansable y apasionada, solamente afiliada a los suyos. A este riquísimo elenco femenino se suman aún Paulino, inicialmente conocido como el Chaqueta Negra y después como Jaime, y Felipe (o Mateo), el amor de Hortensia y padre de Tensi. Aunque la lucha por la defensa de sus creencias ha unido sus destinos desde hace tiempo, la historia de cada uno se escribirá con bolígrafos de distintos colores.


Desde las primeras páginas de la novela, el lector se depara con un estilo narrativo interesante, y es que, además de la mayoría de historia estar narrada en tiempo futuro (“Y pisará el umbral de la pensión mirando a derecha y a izquierda antes de entrar“), se detecta en las palabras del narrador una cierta premonición sobre el destino de algunos personajes. Un ejemplo claro de esto se encuentra en las primeras líneas que guiarán el lector en esta historia cargada de silencio y miradas vigilantes: “La mujer que iba a morir se llamaba Hortensía (…) Ya se había acostumbrado a hablar en voz baja, con esfuerzo, pero se había acostumbrado. Y había aprendido a no hacer preguntas, a aceptar que la derrota se cuela en lo hondo, en lo más hondo, sin pedir permiso y sin dar explicaciones“. Así las cosas, puedo decir que al principio me ha costado acostumbrarme a esta forma de escritura, pero, a la vez, sentía la necesidad de conocer a los personajes, su lucha por la supervivencia diaria y sus historias de amor.


No obstante lo anterior, no cabe obviar que la historia de la Guerra Civil española y el periodo inmediato me son parcialmente ajenos. Digo parcialmente porque, en Portugal, en fechas similares, se ha instaurado un régimen político autoritario y corporativista que estuvo en vigor durante 48 años sin interrupción, conocido como el Estado Nuevo. Sin embargo,  respecto al mismo solo conozco lo que nos ofrecen los libros de Historia, puesto que mis abuelos jamás han entrado en detalles sobre la censura, el control ideológica o la opresión que se vivió en aquellos tiempos. Por ello, prefiero no adentrarme demasiado en los comentarios al argumento de esta novela, suponiendo que existen personas mucho más cualificadas para hacerlo. Aún así puedo afirmar que es una lectura que me ha gustado y que me mantuvo enganchada de principio al fin. Es un libro que, sin duda, motiva el lector a seguir leyendo y a desear que no termine, aunque para ello sea decisiva la historia de amor entre Pepita y el Chaqueta Negra.


En definitiva, “La voz dormida” es un himno, cantado en el femenino, a la memoria de las víctimas de otros tiempos, que, probablemente, hará caer una que otra lágrima a los que se reconozcan en su letra original. En mí caso concreto, no sé si podría calificarla como imprescindible, pero seguramente puedo afirmar que cumple su función de ayudar a bucear en el papel que las mujeres jugaron durante unos años decisivos para la historia de España.

 

Dulce Chacón (1954-2003, Zafra), poeta y novelista, se estrenó como escritora publicando el libro de poemas “Querrán ponerle nombre” (1992), al que siguió Las palabras de la piedra” (1993). Dos años después fue galardonada con el Premio de Poesía Ciudad de Irún. Parte de su obra ha sido recogida en “Tarde tranquila“. “Omaggio alla poesia“, una antología poética editada en Italia. Publicó también las novelas “Blanca vuela mañana” (1997), “Háblame, musa, de aquel varón” (1998), “Cielos de barro” (Premio Azorín 2000), y el libro de poesía “Matar al ángel” (1999). También es autora de la obra de teatro “Segunda mano” (1998) y de la versión de “Algún amor que no mate” (2002), nominada a los premios Max 2004 a la mejor autora teatral en castellano. Con su última obra, “La voz dormida” (2002) ha sido premiada en la Feria del Libro de Madrid por el Gremio de Libreros de Madrid como Libro del Año 2002. Actualmente, se encuentra traducida al francés y al portugués. Dulce Chacón falleció en Brunete (Madrid) en 2003, a los cuarenta y nueve años.

 

Clasificación: Recomendable