2006 | 608 pp. | RBA Libros | A small death in Lisbon | 9788478717705

 

¿Por qué Solo una muerte en Lisboa? Tras la recomendación persistente de Nuno Chaves, del blog Nós os livros, estaba deseando leerla hace tiempo y Papa Noel no me ha fallado.


“- Siempre he pensado – dijo – que si una quiere estar triste, Lisboa es el sitio ideal. – ¿Y está triste? – Quería decir melancólica.”


Impresiones Solo una muerte en Lisboa“, publicada originalmente durante la década de los noventa, es una novela negra compleja, construida sobre dos líneas argumentales y dos hilos temporales distintos, que se apoderan de la atención del lector a paso lento. Tras el primer acto, marcado por la descubierta del cuerpo de una joven en una playa de la costa de Lisboa en la actualidad, el lector viaja en compañía de Klaus Felsen a la Alemania nazi, sumergiéndose en su oscura avaricia por materias primas para sufragar las necesidades de la industria bélica. Dicha demanda viene a encontrar su fuente de alimentación en las recónditas minas de volframio ubicadas en suelo portugués y benditas por la postura de neutralidad o no beligerancia activa asumida por el régimen de Salazar. Pero, en el instante en que el lector se acostumbra a la figura de Klaus Felsen, sus esquemas de corrupción y manipulación, aparece en escena José Afonso Coelho, inspector de homicidios de la Policía Judiciaria, y su compañero Pinto, a quienes se les asignan el caso de la joven rubia de ojos azules asesinada en un pinar y con un largo historial de promiscuidad. Así las cosas, ¿qué relación puede existir entre el contrabando de volframio que llenaron los cofres del Estado Novo de barras de oro y un asesinato brutal a cargo de un humilde inspector? La respuesta la tenéis que encontrar en sus páginas, aunque os puedo adelantar que se trata, tal como la describe el autor, “de una historia muy gorda: familias importantes, una dinastía basada en oro nazi, un criminal de la Policía Internacional e de Defesa do Estado (PIDE), sexo, drogas y el asesinato de una inocente o, mejor dicho, de una niña que no se merecía morir”.


La trama no es inquietante, vertiginosa o sofocante, sino que atrapa el lector como las redes lanzadas al mar enredan a los peces, es decir, le cautiva mediante un ejercicio de paciencia y le deja aturdido con el desfecho final. En este sentido, cabe destacar que Wilson guarda para el final el principal y único giro inesperado de la historia, cuando el lector da por sentado que el caso de homicidio está solucionado y archivado; una completa sorpresa tras seiscientas páginas, un recorrido histórico apasionante y un retrato digno de una nación. En mi opinión, la grandeza de esta obra reside precisamente en la perfecta unión de estos dos últimos elementos: las gentes, las costumbres, las rutas, los paisajes, todo, absolutamente todos estos detalles confieren una credibilidad avasalladora y desconcertante a una historia ficticia de pura maldad, traición y culpabilidad. Me ha sorprendido muy gratamente que el autor plasme de forma tan contundente las huellas imborrables que la dictadura portuguesa ha dejado en la mente de sus ciudadanos a lo largo de varias generaciones; y me haya proporcionado la redescubierta de lugares y sensaciones a las que dejé de prestar atención por fuerza de la costumbre (el Cabo da Roca, situado en el punto más occidental de la Europa continental, el Casino do Estoril, el Parque de Monsanto, etc.).


Sentado lo anterior, no debería sorprender que también la estructura de la novela se presente algo compleja. Solo una muerte en Lisboa está estructurada en dos grandes partes, cuya línea divisoria viene marcada por el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, los capítulos son extensos y están narrados por dos narradores claramente diferenciados: la infiltración alemana en tierras lusas está narrada en la tercera persona y tiene como protagonista principal Klaus Felsen, mientras que en el tiempo presente Wilson optó por delegarle dicha tarea a José Coelho. Cada giro en la narración proporciona al lector la descubierta de nuevos personajes, que transporta consigo cada vez más interrogantes que, como no podría ser de otra manera, se yerguen en dos frentes, el pasado y el presente.


En definitiva, “Solo una muerte en Lisboa” es un clásico de la narrativa policíaca que se destaca, en mi opinión, por la construcción de los perfiles de los personajes y la ambientación. Una novela escrita con maestría, esmero y conocimiento, que en las últimas páginas ofrece un encaje perfecto para todas y cada una de las piezas de un rompecabezas extremamente sofisticado. 

 

Robert Wilson (1957, Stanford – Reino Unido), licenciado por la Universidad de Oxford, ha trabajado y viajado por Asia y África, y vivido en Grecia y África Occidental. En 1989 instaló su residencia en Portugal junto con su mujer, Jane, primero en Sintra y luego en Redondo, un pueblo del Alentejo. Allí, con 38 años, escribió su primera novela. Es autor de la tetralogía “El ciego de Sevilla”, “Condenados al silencio”, “Los asesinos ocultos” y “La ignorancia de la sangre”.

 

Clasificación: Un escenario ficticio encarnizado de maldad, un tanto abrumador y excesivamente realista

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