2011 | 744 pp. | Debate | Steve Jobs | 9789722124416

 
 

Casi 380.000 ejemplares de “Steve Jobs: la biografía” vendidos en la primera semana colocaron las memorias del emblemático CEO de Apple en el top de la lista de libros más vendidos de EE.UU. Pero, pasados casi tres meses desde su publicación, la curiosidad del público no ha cesado. Según la lista de El Cultural, la obra sobre la vida de Steve Jobs fue en 2011 uno de los libros de no ficción más vendido en España. Y en la tienda de Amazon.es, inaugurada en septiembre, fue el segundo más vendido, sólo por detrás de una de las novedades literarias más esperadas del año, “El Prisionero del Cielo” de Carlos Ruiz Zafón.


La justificación de estas cifras espectaculares la dejo a los expertos, pues lo que me propongo presentar aquí son algunos de los datos más interesantes, y tal vez menos conocidos, que se pueden encontrar en la misma. Además, y teniendo en cuenta todas las noticias que han salido en los últimos años acerca de Steve Jobs y su legado, tampoco parece relevante repasar su contribución a la posición competitiva y buena aceptación que tienen los productos de Apple en el mercado. Sin embargo, lo que si parece esencial señalar es que no todo han sido éxitos en su camino. Su vida personal ha estado marcada por la adopción, el rechazo de una hija que se negaba a reconocer, y una esposa que se convirtió en su punto de equilibrio entre la ficción y la realidad. Casi todos los testigos del libro dan cuenta de esta capacidad de distorsión de la realidad de Steve, que se materializó en un carácter intenso, y una naturaleza emocional muy sensible (tanto se ponía a llorar en medio de una reunión como empezaba a los gritos, diciendo que todo estaba mal). Un contraste de temperamentos y maneras de estar, una fuerza y una sensibilidad que lo ponían arriba del todo o a diez metros bajo tierra. Pero, en honor a la verdad, también ha sido la confluencia de esta fuerzas opuestas, su coraje y búsqueda de la perfección, que lo ayudaron a proclamarse como la pieza clave de una de las empresas más influyentes en el sector de las tecnologías de la información e innovación del siglo XXI.


Pese a ello, no parece extraño que sus relaciones profesionales también hayan estado marcadas por alguno que otro conflicto, principalmente cuando no conseguía salirse con la suya. Ejemplos de esto los encontramos en la negociación de acuerdos empresariales con Adobe, Microsoft, Motorola, entre otros. El control era una de sus principales obsesiones. Desde la preocupación con el tornillo del iPhone4, que lo ha cambiado por su facilidad de apertura, hasta ocuparse de toda la experiencia del usuario al comprar un macintosh, nada podría escapar a su supervisión. En consecuencia, pocos creían en él; mismo cuando ya había vuelto a Apple y se encontraba en una posición más estable, reinaba la incertidumbre sobre su éxito y genialidad, aunque, y a pesar de ello, todos ansiaban una nueva presentación de Apple. Steve Jobs, a parte de desprender una vocación innata para las presentaciones, tenía ojo para el marketing místico, intenso como su mirada, y arrebatador como su personalidad. Asimismo se justifica, entre otros, el fenómeno de las tiendas de Apple, cuya inspiración encontró en las oficinas y escaleras de la empresa NeXT, de la cuál era fundador. Una combinación del gusto por el detalle y la simplicidad que pretendía picar la curiosidad de potenciales usuarios, invitándoles a entrar y respirar el aire Apple. También en la creación del iMac la estética ha sido la clave. Inspirado en uno de sus celebres paseos, durante una conversación con el Director de diseño en el jardín de su casa en Pabo Alto, Steve Jobs expresó su idea de crear una pantalla delgada, plana y con una movilidad similar a la del girasol.


Otro punto fundamental de su brillante currículum ha sido su paso por Pixar, y su colaboración en el proyecto de la saga de Toy Story. Según él, éste le ha ofrecido otra forma de ver el arte y la importancia de los más pequeños detalles en la ambientación. En contacto con excelentes profesionales, algunos elegidos por si mismo, Steve Jobs dejó también su huella en el diseño de las últimas instalaciones de esta compañía, cuyo objetivo era maximizar las conexiones entre departamentos dentro del edificio. Una solución práctica a las necesidades surgidas y destinada a estimular la interacción casual, el diálogo y la colaboración entre sus empleados.


Steve Jobs no fue un simple co-Fundador de Apple, o un Consejero-Delegado (que en los primeros años tras su regreso recibía solo un dólar por año), era un enamorado de sus proyectos. Su dedicación, que de alguna forma perjudicó su vida personal, era algo superior a él. Algo, que una vez leída su biografía, me lleva a afirmar que entre los millones de personas que habitan el planeta es difícil encontrar una con una pasión similar.


“Pero, por otra parte, a lo mejor es como un botón de encendido y apagado. !Clic, y ya no estás! A lo mejor por eso nunca me gustó poner botones de encendido y apagado en los aparatos de Apple”.


Colaboración: ZybraDesign.com