2010 | 210 pp. | Alfabia | Sukkwan Island | 9788493794323

 

¿Por qué Sukkwan Island? Descubrí esta novela en Twitter de la mano de Cat Byron Lee y, al día siguiente y coincidiendo con la firma de libros de Paul Auster en Madrid, me hice con un ejemplar. Desde el primer momento he sentido una fascinación irracional hacía esta historia, aunque pensándolo detenidamente puede que esta estuviera motivada por la ambigüedad del desfecho que encontré en la novela “The sense of the endingde Julian Barnes.


 “Entonces parecía tan sólido como una figura tallada en piedra, todas sus ideas parecían igual de inmutables, y Roy no podría conciliar a ese padre con el otro, que lloraba y se desesperaba y no tenía nada que pudiera durar. Aunque Roy tenía memoria, parecía que cualquier padre con el que estuviera en un momento fuera el único padre posible, como si en un momento determinado cada uno de ellos pudiera eliminar a los otros por completo.”


Impresiones: La inmensidad del océano, una isla imaginaria de Alaska, una montaña y una cabaña. Un padre (Jim), que podría ser dos y no llega a ser uno, y un adolescente (Roy) que dice sí cuando quiere gritar no y salir corriendo. Esto es lo que nos presenta David Vann en su novela debut “Sukkwan Island“, escrita en apenas diecisiete días y que, como muchos sabéis, parte de una experiencia trágica personal del autor como es el suicidio de su padre cuando sólo tenía trece años. Aquí recrea un escenario gélido y asfixiante, tanto para sus protagonistas, como para el propio lector, en él que se sentirá atrapado desde la primera a la última página. Es más, la tensión que define la relación conflictiva entre padre y hijo, la rivalidad disfrazada entre ambos y la demostración constante de un egoísmo inconcebible del primero hacia el segundo configuran una situación que desde el principio parece estar condenada al fracaso. Y así es. La confirmación nos llega al final de la primera parte, dejándonos desprovistos de cualquier recurso para formular un razonamiento sustentado que nos ayude a seguir volteando cada página.


Esta es una novela demoledora en que todo parece demasiado obvio, y nada ocurre como lo hemos imaginado. El autor logra con maestría manipular las expectativas y emociones del lector, sorprendiéndole una y otra vez, y manteniéndole en vilo hasta el final. Con una narración sencilla y directa, libre de eufemismos y diálogos extensos, “Sukkwan Island” es ante todo un drama familiar, que indaga sobre temas como la soledad forzada, el afán por la supervivencia, la desintegración de la unidad familiar y el suicidio. No obstante, lo que más me ha sorprendido fue encontrar dos protagonistas que compiten en madurez, aunque su experiencia de vida sea completamente dispar; y la forma como David Vann procede a la exacerbación del egoísmo del hombre mismo en un ambiente inhóspito en que la complicidad y solidaridad serían la formula que permitiría a Jim y Roy apurar su instinto de supervivencia y facilitar su reconciliación.


En este estado las cosas, creo que, con lo poco que puedo desvelar, he conseguido aclarar que esta no es una novela amena, sino más bien una historia perturbadora, capaz de turbar violentamente las emociones del lector y dejarle indefenso y angustiado solo de pensar en la fragilidad e imperfección de la condición humana. Sin embargo, pienso firmemente que es un libro más que recomendable para aquellos que buscan emociones fuertes y están dispuestos a salir de su zona de conforto, mediante un viaje a un ambiente hostil que pondrá a la prueba su propia capacidad de compasión.


Sentado todo lo anterior, me gustaría terminar esta exposición con una breve reflexión sobre el tratamiento del suicido en la literatura. Puede que sea pura casualidad o que busque inconscientemente una respuesta a una situación de la que a nadie le gusta hablar, pero la realidad es que esta es la segunda novela que leo este año que aborda esta temática. La primera fue “The sense of the ending” de Julian Barnes, galardonada con el Man Booker 2011, y curiosamente existe un cierto paralelismo entre ambas. Las semejanzas entre una y otra, a pesar de sus limitaciones, radican fundamentalmente en la estructura (dos partes, sin capítulos que interrumpan el relato), técnicas narrativas (uso de la primera persona y alternancia entre pasado y presente) y descripción de los personajes (seres que viven recluidos, ya sea en una isla desierta o en sus propios recuerdos, y embargados en un proceso de creciente depuración “espiritual”). Por fin, otros elementos comunes a ambos relatos serían la soledad, las dificultades de una autentica comunicación, la nostalgia de una vida distinta, y la importancia que adquiere la búsqueda de un sentido para la tragedia ajena, el “por qué”. No obstante lo anterior, mi primer acercamiento al suicidio en la literatura fue a través del novelista brasileño Paulo Coelho y su libro “Veronika decide morir”, sobre una joven de 24 años de un buen día decide poner fin a su vida. Tras esta experiencia, he seguido de cerca los pasos de este autor, pero no he encontrado ninguna otra novela capaz de conmoverme de la misma manera, y probablemente por ello ya acumule unas cuantas decepciones.

 

David Vann (Isla Adak, Alaska, 1966) vive en California y da clases en la Universidad de San Francisco. Vann ha colaborado en publicaciones como Esquire, National Geographic Adventure, entre otras y es autor de las exitosas memorias “A mile down: The true story of a disastrous career at the sea“. Con “Sukkwan Island“, su primera novela, el autor ha dejado boquiabierto a todo el mundo y se ha situado en la primera línea de los escritores de su país, siendo comparado con autores de la talla de Cormac McCarthy o Hemingway. Mas recientemente ha publicado “Caribou Island”, sobre una pareja con treinta años de matrimonio a la espalda que se enfrenta a sus demonios en ese infierno gélido y desolado.

 

Clasificación: Una lectura desgarradora, manipuladora y compulsiva