2012 | 304 pp. | Alfaguara | a máquina de fazer espanhóis | 9788420407500

 

¿Por qué la máquina de hacer españoles? Aunque me he acercado primeramente a Valter Hugo Mãe, con mayúsculas, era imperativo que también conociera sus textos en minúsculas. Por eso hoy os presento “la máquina de hacer españoles“, una historia que desnuda la vulnerabilidad de quienes están en el impasse del final de la vida.


“necesitaba de este resto de soledad…para aprender sobre este resto de amistad”


Impresiones: la máquina de hacer españoles” cuenta la historia de Antonio Silva que, con 84 años (y tras 48 años de matrimonio), se ve forzado a despedirse del amor de su vida, Laura. Tras este incidente, el protagonista ingresa en la residencia de la “feliz edad”, convirtiéndose en un mendigo de lo que había sido. Más tarde sin embargo el lector descubre que esta condición de mendicidad es una cuestión que ha marcado toda su experiencia vital, remitiéndose al periodo de la dictadura portuguesa, en que los hombres practicaban una ciudadanía de abstención y, por temor o prudencia, se dedicaban exclusivamente a la familia. Dicho esto, creo que es imprescindible advertiros que no os debéis dejar engañar por el título de la novela. Esta es una historia que desenmascara la pasividad de los humildes siervos del régimen de Salazar y de la Iglesia, y crítica el deslumbramiento sumiso del pueblo luso hacía el mundo exterior (“¿Quién no ha sentido envidia por no ser español? ¿De salarios altos y más ritmo en la sangre?”). Pero, a la vez, ofrece también una potente reflexión sobre el final de la vida y la muerte, como “una ceguera que no apura sentidos alternativos“.


A lo largo de sus páginas, el autor nos sumerge así en un relato lucido sobre la vejez, pero también sobre el valor del compañerismo sincero, que lentamente desembocará en la muerte de Antonio Silva. Consecuentemente, el lector se ve de pronto atrapado entre dos realidades antagónicas: una cargada de duras reflexiones sobre el destino de los hombres, que le sacudirá y le conmoverá (hasta el punto de conseguir sacarle alguna lágrima), y otra que resta tensión a la primera, en la que el protagonista y sus nuevos amigos, cada cual más singular, parecen niños endiablados que dejan volar su imaginación más allá del jardín y del cementerio que les encierra.


Pero, lo más interesante es que Valter Hugo Mãe no se limitó a escribir una historia entrañable sobre los últimos días de vida de este anciano, una reflexión crítica muy acertada de la historia reciente de una nación, sino que además lo ha hecho aplicando con maestría los recursos lingüísticos que tiene a disposición y sacando provecho de su trayectoria como poeta. Por ello, y aparte del lirismo a que nos ha acostumbrado, el lector tendrá también la oportunidad de rememorar uno de los heterónimos de Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, y su poema “Tabaquería”. ¿Por qué? Porque a veces la vida nos convierte en “protagonistas de un gran historia, o de un gran poema, que es otra forma de contar una historia“. ¡Que lo diga Esteves sin metafísica!


Por último, a título de curiosidad cabe destacar que, entre tantas minúsculas, cuando el autor decide introducir un capítulo escrito con mayúsculas, lo más probable es que en un principio el lector ni se de cuenta del cambio de estilo. Por lo menos fue lo que me pasó a mí, aunque también es cierto que continuo sin comprender lo que le motivó a seguir dicha estrategia.


Teniendo en cuenta las consideraciones efectuadas hasta ahora, llega el momento en que debo reflexionar sobre la recomendación de esta lectura. Sin embargo, esta cuestión no ofrece una respuesta lineal. Si tuviera que describir lo que supone acercarse a una obra de Valter Hugo Mãe, diría que “cuesta creer que la imaginación tenga tanto talento” (aunque dicha reflexión fuera mi principal conclusión de “O filho de mil homens“). En mi opinión, el autor tiene el don de la palabra y un estilo inconfundible que se manifiesta tanto en la configuración del carácter de los personajes como en la impresión de una implacable mirada crítica en sus novelas. Como he adelantado anteriormente, estos dos aspectos distintivos conllevan a que se le compare a José Saramago. Por ello, no creo que sea exagerado afirmar que “la máquina de hacer españoles” no es una lectura apta para todos los públicos; pero, tampoco me cabe la menor duda que es una buena novela para dar trabajo a la crítica literaria.

 

Clasificación: Una novela, de un autor que seguramente aún dará mucho que hablar, capaz de tocar la fibra sensible del lector


Otras novelas comentadas en el blog:

O filho de mil homens“ (portugués), 2012


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