El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago (1998):

Un hombre debe leer de todo, un poco o lo que pueda, pero que no se le exija más, visto lo corto de las vidas y la prolijidad del mundo. Empezará por aquellos títulos que a nadie debieran escapar, los libros de estudio, así llamados vulgarmente, como si no lo fueran todos, y ese catálogo será variable de acuerdo con la fuente de conocimiento en la que se va a beber y la autoridad que vigila su caudal (…) Después vendrán las inclinaciones de juventud, los escritores de cabecera, las pasiones temporales, los Werther para el suicidio o para huir de él, las graves lecturas de la madurez, una vez llegados a un momento de la vida ya todos, más o menos, leemos las mismas cosas, aunque el primer punto de partida nunca acabe de perder su influjo, con aquella importantísima y general ventaja que tienen los vivos, vivos por ahora, de poder leer lo que otros, por morirse antes de tiempo, no llegaron a conocer. (…) El hombre probará pues de todo, Conspiración incluida, y no le hará ningún mal descender por una vez de las alturas rarefactas en las que está instalado, para ver cómo se fabrica el pensar común, cómo éste alimenta el común pensar, que de eso viven las gentes en su cotidianidad, no de Cicerón ni de Spinoza.”

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