2009 (5 Ed.) | 131 pp. | Anagrama | Dans le café de la jeunesse perdue | 9788433974860

 

¿Por qué En el café de la juventud perdida? En un fin de semana en que el aire frio arrebata toda la esperanza de disfrutar de un paseo primaveral, tomarse una taza de café bien caliente y disfrutar de un buen libro se convierten en un plan muy apetecible. Y para materializarlo, he decidido guiarme por una recomendación de Javier García y dejarme envolver por esa atmósfera melancólica que parecen desprender todos estos pequeños libros de tapa amarilla.


“Tenía la vida por delante. ¿Cómo había podido andar encogida y pegada a las paredes? ¿Y de qué tenía miedo? Iba a conocer a gente. Bastaba con entrar en cualquier café.”


Impresiones: Pero, Le Condé no era cualquier café; era, en la década de los sesenta, un punto de encuentro de poetas, directores de teatro, escritores, cantantes y estudiantes parisinos, que vendría a quedarse grabado en sus memorias por la presencia enigmática de una joven reservada y silenciosa, que se ocultaba tras las sombras de las mesas al fondo del local. Conocida entre sus comparsas como Louki, Jacqueline Delanque parecía preferir mantenerse en el anonimato y dejarse tragar por el entorno. En sus propias palabras: “No era de verdad yo misma más que mientras escapaba. No tengo más recuerdos buenos que los de huida o de evasión“. Sin embargo, sus esfuerzos han sido en vano, porque lo que nos presentan cada uno de los narradores de esta corta novela son precisamente los recuerdos fragmentados de la etapa de sus vidas en que sus caminos se cruzaron y los sueños frustrados derivados de esos frágiles momentos de cercanía.


Asimismo se podría decir que Modiano se ocupa de recomponer los retazos de la memoria individual de la bohemia estudiantil parisina (“las zonas neutras tienen, al menos, esta ventaja: no son sino un punto de partida y, antes o después, nos vamos de ellas.“) y, consecuentemente, de presentar al lector un texto impregnado de nostalgia, en que los pequeños detalles cobran una importancia extraordinaria.


Con una prosa cuidada y seductora, el autor indaga aún sobre los desencuentros entre el ser y el parecer. Y, desde mi punto de vista, son precisamente esos misterios jamás desvelados los que revisten esta novela de una vitalidad y fuerza especiales (“– Por cierto…Me acuerdo muchas veces de Louki…Sigo sin entender por qué…“), que se intensifican en los últimos capítulos. No obstante lo anterior, creo también que “En el café de la juventud perdida” es una novela que sabe a poco (que deja el lector con ganas de seguir leyendo), tanto por los saltos temporales entre los relatos de cada uno de los protagonista como por presentar un final que permite continuación. Por ello, es muy probable que, en un futuro no muy lejano, me encontréis otra vez deambulando por las místicas calles de París, con el objetivo de descubrir sus Tiendas Oscuras y acercarme, a paso lento, a uno de los escritores franceses más célebres hoy en día.

 

Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) creció entre Jouy-en-Josas y la Alta Saboya. Las ausencias repetidas de sus padres le acercan a su hermano mayor, Rudy, que muere a la edad de diez años. Tras aprobar la selectividad, decide dedicarse plenamente a la escritura. Sus primeras obras giran en torno a la ocupación nazi y el colaboracionismo (ej.: “El lugar de la estrella“, galardonada con el Premio Roger Nimier y el Premio Fénéon). En 1978 obtiene el Premio Goncourt por “La calle de las tiendas oscuras”, una novela en la que la Segunda Guerra Mundial, y en 1984 recibe el Premio de la la Fundación Pierre de Mónaco por el conjunto de su obra.

 

Conclusión: Una novela seductora para saborear pausadamente, pero que se termina casi como sin querer