2010 (6ª Ed.)| 64 pp. | Acantilado |  | 9788496834903

 

¿Por qué Mendel el de los libros? Aunque parezca mentira, descubrí a Stefan Zweig a través de la lectura deEl eterno olvido“, de Enrique Osunay pronto comprendí que estaba ante todo un referente de la literatura y cultura europea del siglo XX. Por esta misma razón, cuando en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión me deparé con una extensa colección de sus obras, decidí que ya iba siendo hora de estrenarme con este popular escritor. Así que vengo hoy aquí a invitaros a tomar un café vienés en compañía de “Mendel el de los libros“, amante de los libros y las letras minúsculas.


“los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos”


Impresiones: Mendel el de los libros” es, más que ninguna otra cosa, una bonita y enternecedora novela corta. Publicada originalmente en 1929, Zweig se propuso evidenciar, en pocas páginas, los últimos días del Imperio austrohúngaro y los efectos de la guerra a través de la triste historia de un pequeño y anónimo librero de viejo afincado en el café Gluck. Jakob Mendel era un maestro de la memoria que “leía como otros rezan” y “conocía cada planta, cada infusorio, cada estrella del cosmos perpetuamente sacudido y siempre agitado del universo de los libros“. Dicho universo conformaba todo su mundo, puesto que “los fenómenos de las existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras“. Sin embargo, un cierto día de 1915, ese frágil refugio, hasta entonces inquebrantable, empezaba a ceder ante la hostilidad reinante en una sociedad gobernada por la desconfianza, el miedo y la intolerancia. Y, ¿qué le sucedió a Mendel? ¿Tan díficil es de imaginar que puedan coexistir la cultura y la guerra?


Pero, inevitablemente, algo había cambiado, porque “el mundo ya no era el mundo” y, de manera irremediable, todo se iba volviendo cada vez más uniforme. Tal vez por ese motivo este pequeño cuento resulte tan emotivo, simbólico y actual. Además el alma con que Zweig transmite al lector esta singular vivencia lo hace viajar en el tiempo, sentarse en esa pequeña mesa de mármol en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena, y beber de esa inigualable fuente de sabiduría. A lo largo de sus más de sesenta páginas, no hay nada que sea accesorio o superficial. Cada detalle merece la pena, aunque apenas pase nada. Y, una vez conseguido todo esto, hacia el final el autor aún brinda al lector una preciosa reflexión que, seguramente, algunos apuntarán sigilosamente en su pequeño cuaderno de recuerdos para protegerla del “inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido“.


En suma, “Mendel el de los libros” homenajea un universo al que todo lector sucumbe; una vía de escape idílica tanto en tiempos de paz como de guerra. Y, a mí, sólo me resta recomendaros su lectura.

 

Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942), escritor austríaco y miembro de una acomodada familia judía, inició su carrera literaria traduciendo a Ch. Baudelaire y a E. Verhaeren. Ante la I Guerra Mundial, abrazó el pacifismo y estrechó lazos de amistad con R. Rolland. Se instaló en Salzburgo (1918) y, tras huir de Austria en 1934, se refugió en Londres. La hegemonía alcanzada por las fuerzas hitlerianas en Europa le llevó a quitarse la vida junto con su mujer durante un viaje a Brasil.

 

Conclusión: Una lectura breve, pero, desde luego, muy recomendable 

Anuncios