1998 | 256 pp. | Alianza Editorial | Lord of the flies | 9788420634111

 

¿Por qué El señor de las moscas? Este fue uno de los títulos que me traje a casa durante la visita a la Feria del Libro de Lisboa, debido a las buenas críticas que había leído en la red y también al hecho de estar avalado por uno de los premios más importantes del mundo dedicados a las letras.


– (…) Pero llegas a pensar que no estás persiguiendo la caza, sino que… te están cazando a ti; como si en la selva hubiese siempre algo detrás de ti.


Impresiones: El señor de las moscas“, la obra cumbre de William Golding, narra la historia de un grupo de niños ingleses que, tras la caída del avión en el que viajaban, se ven atrapados en una isla desierta en medio del Pacífico, donde “no hay casas, ni fuego, ni huellas de pasos, ni barcos, ni gente“. Esto podría llevar el lector más despistado a pensar, en un principio, que se trata de un lugar con extrañas formas de vida o que está ante una amena comedia de aventuras, pero no es así. Lejos de ser un fantasioso y entretenido parque de diversiones, esa porción de tierra desconocida se convierte, en poco tiempo, en una enorme pesadilla.


Así no faltarán los típicos episodios de enfrentamiento entre bandos rivales, las actitudes de desprecio hacía los más débiles, y las fracturas ocasionadas por la disputa del poder. No obstante, Golding se propone traspasar la frontera de los ya conocidos juegos de niños, dejando sus protagonistas ciegos de maldad. Sin la atenta vigilancia de un adulto, ante el aislamiento, el miedo y la privación de ciertas necesidades, el grupo empieza a involucionar a un estado más primitivo, donde el salvajismo y la barbarie alcanzan su máxima expresión. Y, ahí es precisamente donde reside la moraleja de la novela: el hombre ante una adversidad extrema saca lo peor de sí, llevando a cabo actos inconscientes y practicando una autoridad irresponsable.


Teniendo en cuenta este horrendo escenario, no sorprende que la novela haya sido rechazada por viente editoriales de la época, antes de que llegase finalmente a imprenta en 1954. Y que solo haya vendido tres mil ejemplares hasta que, en 1983, se le concediera el Premio Novel de Literatura, convirtiéndola en todo un clásico contemporáneo de lectura obligatoria en muchos institutos. Sin embargo, leer “El señor de las moscas“, en un momento en que las distopías están siendo sometidas a un proceso de banalización evidente en el mercado editorial, ya no exige que un lector (adulto) se arme de valor para acompañar las peripecias de un bando de niños salvajes. En vez de eso, salvo en las últimas páginas, no hay probablemente ningún episodio capaz de dejarle con la boca abierta. Además el texto está redactado con un lenguaje sencillo y salpicado de diálogos espontáneos, en los que se percibe la ingenuidad propia de los miembros de esa franja etaria. Por todo ello, la cuestión que se podría plantear entonces es si “El señor de las moscas” es una lectura demasiado cruel y violenta para el público juvenil.


Dicho todo esto, y sin pretender desvelar el final de la novela (aunque os puedo adelantar que no es tan dramático como uno tiende a imaginar), creo que “El señor de las moscas” es una lectura ágil, que mantiene un ritmo constante. Pero, a la vez, es también un relato que sigue una línea argumental sencilla y previsible, que no sobresale respecto a las nuevas producciones que, cada día, se transmiten en la pequeña y gran pantalla. Así, y sin desmerecer la audacia del autor en la época, en mi opinión, el valor simbólico de este texto ha sufrido un importante deterioro por el paso del tiempo, porque la historia que ofrece puede llegar a antojarse poco innovadora o, incluso, entretenida.


William Golding (Newquay, 1911 – Perranaworthal, 1993), novelista y poeta británico, recibió durante su infancia y juventud una sólida formación humanista y literaria que lo influyó para los temas posteriores de sus novelas. Estudió en la Universidad de Oxford, donde posteriormente impartió seminarios de lengua inglesa hasta alistarse en la Marina durante la II Guerra Mundial. Su primera novela fue “El señor de las moscas”. Considerada como una de las obras más importantes de la literatura del siglo XX, su fama se duplicó con las versiones cinematográficas que se hicieron de ella. Así, en 1983, recibe el Premio Nobel de Literatura. En 1988 sería nombrado caballero de la Orden del Impero Británico, recibiendo el tratamiento de Sir, y cuatro años más tarde fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo, en España.

 

Conclusión: Un libro pesimista, quizás más dirigido al público juvenil, que, en mi opinión, no termina de encontrar su sitio en este vasto universo

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