2006 | 224 pp. | Debolsillo | Outer Dark | 9788483460252

 

¿Por qué La oscuridad exterior? ¿Han dicho lectura conjunta de Cormac McCarthy? En ese caso, me apunto a ojos cerrados.


“Sentados en aquella negra inmovilidad se habría podido tomar a los viajeros por figuras de piedra excavadas de la arquitectura de un tiempo pasado.”


Impresiones: Tras haber conseguido sacudir las ínfimas partículas de aquella densa y opresiva capa de ceniza de “La carretera” que han ennegrecido las hojas de este cuaderno de bitácoras, vuelvo hoy aquí a hablaros de una de las primeras novelas de McCarthy, “La oscuridad exterior” (1968), que, muy fácilmente, también podría intitularse la perpetua oscuridad interior. En sus páginas, el autor da cuenta de la historia de Culla y Rinthy Holme que, aún siendo hermanos de sangre, mantienen una relación incestuosa de la que nace un niño. Aunque poco o nada se sabe sobre la pequeña criatura, su aparición en el mundo y, consecuente, desaparición, son los hechos que motivan a los dos protagonistas a emprender un viaje sin retorno por los tormentosos y siniestros caminos, pueblos y bosques de algún lugar perdido en el sur de los Estados Unidos.


En un relato desesperanzador, que combina poesía y crueldad, y cuyas interpretaciones oscilan entre referencias bíblicas y diagnósticos psiquiátricos, McCarthy reafirma aquí su predilección por la recreación de atmósferas claustrofóbicas construidas a base de desgracias, la ilustración de paisajes desoladores y grisáceos poblados por un puñado de seres abandonados a su suerte y en los que afloran los más recónditos e impensables comportamientos, y el ejercicio de una cierta violencia psicológica. En este sentido, se podría decir que existen algunas afinidades entre “La carretera” y “La oscuridad exterior“. Sin embargo, a la medida en que el lector comienza a sumergirse en la obra, de pronto descubre que ese aparente paralelismo se atañe, tal vez, más al contenido que a las formas. En este caso concreto, su discurso se revela menos redundante, se reviste de una belleza díficil de clasificar y se aleja del minimalismo que le valió el Premio Pulitzer de ficción en 2007. Esto es aún visible en los diálogos casi mudos que entablan los protagonistas con los transeúntes que vagan por estas páginas.  Pero, no por ello, esta novela resulta menos árida o brutal que la primera. Como escribió el autor en un determinado momento “los ojos sólo te muestran lo que pasa fuera“, y aquí no faltan mensajes sutiles y enigmáticos.


Asimismo, en mi opinión, “La oscuridad exterior” es un libro que sabe darle tiempo al tiempo y a los detalles. Como advierte el autor en repetidas ocasiones, “no tengas tanta prisa“, porque uno no necesita saber por donde va si en el fondo sigue su camino. En este caso, el camino de la lectura trazado por el narrador, y que, cuando se dispone a despedirse, puede resultar desconcertante si uno se queda obcecado con la tragedia gráfica e inminente. O, quizás, dar lugar a una sensación de malestar, con un claro sabor a derrota“, de la que es díficil recuperarse, como afirmaron los demás lectores de esta mini-expedición a los confines del infierno.


A modo de conclusión, y para no cometer el error de desvelar acontecimientos vitales de esta inquietante trama, se puede afirmar que “La oscuridad exterior” es una obra dura, impiedosa e intensa al puro estilo de McCarthy. Una historia que posiciona el lector delante de una especie de duelo sangriento entre el bien y el mal donde ni siquiera los espectadores están a salvo.


Conclusión: Un libro de lectura obligatoria para los seguidores de los literatos estadounidenses con pulso de acero


Otras opiniones dentro de la lectura conjunta:
Jordi Via; Yossi Barzilai; Rafa Gancedo


Otras novelas comentadas en el blog:

La carretera“, 2009