2012 | 560 pp. | Grijalbo Mondadori | Fifty Shades of Grey | 9788425348839

 

¿Por qué Cincuenta sombras de Grey? La primera entrega de la trilogía erótica de E. L. James, que ha superado las 100.000 copias impresas vendidas en Reino Unido en una semana, ha llegado a España a finales de junio, haciéndose acompañar de una fuerte y muy eficaz campaña de marketing puesta en marcha por la editorial Grijalbo. Supongo que, a estas alturas, será díficil encontrar a alguien que no haya oído hablar de la polémica relación sexual entre Grey y Anastasia, es decir, el amo y la sumisa. Pero, desde mi punto de vista, lo más curioso es constatar que la novela no admite, por parte de los lectores, valoraciones intermedias. Según el periódico The Guardian, de un total de 1.215 opiniones escritas en la página web de Amazon, el 49% de los lectores considera que la novela se merece cinco estrellas, mientras el 30% se han decidido por una sola estrella. Es decir, la adoran o la odian…


“Taylor me mira con simpatía, aunque quizá en lo más profundo de sus ojos se esconda una pizca de lástima. Sin duda cree que he sucumbido a los turbios hábitos sexuales del señor Grey. Bueno, a sus excepcionales hábitos sexuales…”


Impresiones: Cincuenta sombras de Grey” es, en mi opinión, el típico cuento de hadas en el que una chica normal y corriente, estudiosa y despegada de bienes materiales se enamora perdidamente por un príncipe encantado con un pasado trágico y un terrible secreto. Se podría pensar quizás en la historia de la Cenicienta adaptada al siglo XXI o en algunos personajes de la serie de televisión Beverly Hills, 90210, y sumarle una cuchara de erotismo y placer carnal. Y lo digo así porque lo que nos cuenta E. L. James es, antes de todo, un romance suntuoso, al puro estilo de Hollywood, entre Anastasia Steele y el multimillonario y bien parecido empresario Christian Grey. Pero, el problema (o lo atractivo de la cuestión) es que a este don juan le gustan los juegos eróticos de bondage, disciplina y dominación, y sumisión y sadismo. 


Narrada en primera persona por Anastasia, la novela cuenta así su introducción a algunas de las prácticas que, llevadas a cabo en un contexto seguro, consensuado, no violento y erótico, conforman el universo del BDSM. Y, supongo que es aquí donde empieza la discusión sobre si su contenido es o no de carácter pornográfico, si atenta contra la imagen de la mujer, si debe ser guardado sigilosamente en un lector digital, y se obvia su valor literario.


Con respecto al primero punto, y dejando a un lado las viejas vallas moralistas, he de decir que no creo que sea para tanto. En ningún momento, se percibe, por ejemplo, un gran esfuerzo de documentación por parte de la autora; todos los episodios están envueltos en un aura romántico capaz de disipar el choque que podrían producir ciertas descripciones; y además el desenlace de la trama no es demasiado brillante ni impredecible. Puede que la historia consiga atenuar los prejuicios hacia determinadas prácticas sexuales o permita que se hable más abiertamente de ciertas fantasías, pero, en mi opinión, no deja de ser el típico texto color rosa sobre un amor aparentemente imposible. Además el mismo personaje femenino de la historia está construido alrededor de dos premisas poco verosímiles: Anastasia, además de ser virgen a los veintiuno años, se revela una chica muy ingenua y extremamente inocente; pero, a la vez, no presenta muchas dificultades en desinhibirse por completo delante de un desconocido. Sin embargo, en este mismo sentido, lo que no me termina de encajar es que lo tomen por un texto de “porno para mamás”. Me resulta difícil comprender como mujeres, digamos, entre los 25 y los 40 años puedan encontrarse identificadas con la historia o su protagonista, o hasta llegar a olvidarse del componente imaginativo y teatral presente en cualquier texto de ficción. ¡Yo, desde luego, no consigo descifrarlo!


Por otra parte, y en lo que a las formas se refiere, la historia está dividida en capítulos cortos y la autora hace uso de un lenguaje extremamente sencillo, sin alardes literarios. Es decir, el estilo narrativo empleado es francamente pobre y hay un claro abuso de las repeticiones. Un buen ejemplo de ello es la puesta en escena del subconsciente de Anastasia y de la diva que lleva dentro que, además de no aportaren información sobre la trama, parecen obligar el lector a leer dos veces consecutivas el mismo mensaje.


Sentado todo lo anterior, una de las cuestiones que se puede plantear es si lo que consigue convertirla en una novela adictiva es su subtrama emocional, su intensa carga erótica o, en contrapartida, su elemental estilo literario.


En resumen, “Cincuenta sombras de Grey” es un texto de cuestionable calidad literaria, aunque, como en otras facetas del entretenimiento de masas, tiene un enorme potencial comercial, debido tanto a su capacidad y agilidad para atrapar al lector, como a la temática tratada. Así, en mi opinión, la novela es, más que un libro mediático, un buen tópico para la elaboración de un caso de estudio sobre el éxito de las estrategias de marketing viral. Supongo que algunos no estaréis de acuerdo con esta posición y, por ese mismo motivo, me gustaría que contestaseis a una breve pregunta: ¿por qué, a diferencia de otras series de gran éxito en el mercado editorial, se ha apostado por la publicación consecutiva de las entregas de esta trilogía?

 

Erika Leonard (1963) ha desempeñado cargos ejecutivos en televisión. Está casada, tiene dos hijos y vive en Londres. De niña, soñaba con escribir historias que cautivarían a los lectores, pero postergó sus sueños para dedicarse a su familia y a su carrera. Finalmente reunió el coraje para escribir su primera novela “Cincuenta sombras de Grey“. Es también la autora de “Cincuenta sombras más oscuras” y “Cincuenta sombras liberadas“. Con motivo del fenómeno editorial que ha supuesto esta trilogía, con gran repercusión en los medios, la revista Time ha nombrado a E. L. James una de las cien personas más influyentes del año. Los derechos de traducción ya se han vendido en cuarenta países, y Universal Pictures y Focus Features han comprado los derechos cinematográficos.

 

Conclusión: ¿Es para tanto? Pues no.

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