2012 | 160 pp. | RBA Libros | The suitcase | 9788490061886

 

¿Por qué La maleta? Las palabras viajan veloces. Y, más ahora, con las nuevas tecnologías y sus múltiples canales para compartir, atesorar y degustar buenas recomendaciones literarias. Dicho esto, pues, no resulta difícil imaginar como llegó a mis manos la obra que os traigo hasta aquí. 


“Creía ser dueño de algunas propriedades. Pero el resultado cabía en una sola maleta. Para colmo, de dimensiones más que modestas. ¿Era yo, entonces, un mendigo? ¿Cómo había llegado a aquello?”


Impresiones: Podría ser un álbum de fotografías antiguas o una colección de hojas amarillentas; pero es una maleta de modestas dimensiones con viejas prendas. La única maleta que Sergéi Dovlátov se llevó cuando, a los treinta y seis años, decidió abandonar la Unión Soviética para establecerse definitivamente en Estados Unidos. Excepción hecha a algunos libros prohibidos y manuscritos, en su interior guardó todo lo que había acumulado durante su larga estancia en un mundo que rápidamente desapareció de su horizonte, pero no de su memoria. Ahí seguían intactos los recuerdos deuna vida única, invalorable, perdida, cuyo título debería ser de Marx a Brodski”. Y, dichos recuerdos son, precisamente, los grandes protagonistas de esta novela corta publicada originalmente en 1986.


En sus páginas, Dovlátov rememora ocho episodios fantásticos de los años en que vivía desordenadamente, coqueteaba con el alcohol y nada parecía importarle demasiado. En cierta medida, da la impresión de que el autor no ha pretendido ir más allá de una mera evocación nostálgica de algunas de las peripecias que marcaron su rutina cotidiana en la ciudad de Leningrado. Asimismo, en un principio y al contrario de lo que se podría esperar, el lector no se tropieza aquí con una crítica explicita al gobierno soviético, sino más bien con las desaventuras de un hombre abandonado a su propia suerte – “¿Qué más podía hacer? Al fin y al cabo, yo era un periodista de plantilla“, cuyo único don, según sus propias palabras, era la indiferencia. Sin embargo, a esto habría que sumarle su capacidad innata para utilizar, de forma constante y excepcional, un tono irónico que, muy probablemente, le permitió camuflar sus propias desilusiones y frustraciones o, sencillamente, ahorrarse preocupaciones innecesarias:


“Los agitadores recorrían las casas. Convencían a los inquilinos de que votaran lo más temprano posible. Yo no tenía prisa. En tres ocasiones no había ido a votar. Y no era por mostrarme disidente. Más bien, odiaba los actos sin sentido.”


Una novela que me vino a la mente mientras leía “La maleta” fue “El cuaderno rojo” de Paul Auster, quizá porque ambas dejan en evidencia más que dos escritores imprescindibles, dos grandes contadores de historias capaces de deleitar el lector con la sencillez e intimidad de sus plumas. Además, pese a las diferencias de sus registros narrativos, ambas novelas son muy breves y sus capítulos podrían leerse de forma casi independiente. Así, mi recomendación es que si os cruzáis con esta maleta en particular, en alguna librería o biblioteca, antes de devolverla a la sección de objetos perdidos, echáis un ojo a la historia intitulada “Cinturón militar de cuero“, porque os dejará con la miel en los labios.


En suma, La maleta” es una novela con una amena trama en la que los miserables trastos de Dovlátov se convierten en la excusa perfecta para hablar de espías y contrabando; de la prensa soviética y de la propriedad privada; de la milicia y de los disientes. Pero, también para recordar los años de su juventud criminal, los viejos amores y a los amigos perdidos, en un relato en el que la melancolía y la ironía son tratadas con una sutileza envidiable.

 

Sergéi Dovlátov (Ufa, Rusia, 1941 – Nueva York, 1990) pasó su vida entre Tallin y Leningrado, leyendo y escribiendo, pero sin publicar. En 1978 emigró a Nueva York, ciudad en la que vivió hasta su muerte y en donde publicó en ruso la mayor parte de su obra. Todos sus libros aparecieron después en inglés con gran éxito, tal vez debido a que era un autor relativamente fácil de traducir, dueño de una sintaxis llana que no se diluye en el trasvase de una lengua a otra y que hace sentir al lector como si dialogara e inventara de igual a igual con el autor. Entre sus novelas cortas destacan “El compromiso“, “La maleta” y “La extranjera“. (in El Malpensante)

 

Conclusión:  Una amena y entretenida propuesta que invita claramente a repetir con el autor


Otras opiniones dentro de la lectura conjunta:

Yossi Barzilai