2013 | 224 pp. | Seix Barral | Intemperie | 9788432214721

 

 “El llano se sacudía el sufrimiento que el sol le había causado durante el día, desprendiendo un olor a tierra quemada y pasto seco. (…) Lo que se extendía frente a las plantas de sus pies era para él, sencillamente, tierra incógnita.”


Impresiones: Escepticismo. Quizá sea esta la palabra que mejor describa las primeras reacciones de los lectores ante la proliferante proyección mediática asociada al reciente lanzamiento de “Intemperie“, del novel extremeño Jesús Carrasco. Con los críticos literarios rendidos a sus pies y el supuesto aval de la venta de los derechos en la pasada edición de la Feria de Fráncfort, la pregunta que se impone es: ¿realmente es para tanto? Sin duda la ovación es excesiva, pero veamos que hay detrás de ella.


Las primeras páginas de “Intemperie” posicionan el lector frente a una postal desesperanzadora: un territorio árido y empobrecido, que da cobijo a los planes de huida de un niño proveniente de una familia “sin pozo, ni fortuna”, y, a la vez, agiliza la misión de sus perseguidores, el alguacil y “todos (esos) brazos curtidos y poderosos que hundían los arados en la tierra y llenaban los doblados de grano“. Cuando los ánimos se suavizan, el niño, sin un itinerario previsto, emprende camino hacia el norte. A determinada altura sus pasos se cruzan con los de un hombre flaco de edad avanzada, el cabrero, que, poco a poco, se convierte en su guardián y guía de viaje. A partir de aquí, “como si fueran las figuras de un portal de Belén“, juntos se entregarán a una lucha desigual contra la inclemencia de la naturaleza y el despotismo y la codicia de los hombres.


El dolor y la caridad. La muerte arrumbada. La podredumbre abriéndose paso entre pecados inenarrables.” “El cansancio como una segunda piel.”


Una vez expuesto el argumento, no resulta laborioso identificar la motivación subyacente a las comparaciones que muchos han establecido entre “Intemperie” y la obra del escritor norteamericano Cormac McCarthy. En cierta medida, uno se queda con la impresión de que el autor ha decidido, además de pedir prestados los protagonistas desamparados sin nombre propio de “La carretera“, transponer para un paisaje más cercano los elementos de sus odiseas ambientadas en el sur de Estados Unidos. Pero, cualquier otra similitud es pura coincidencia. Aquí sólo hay “negros”, por citar algún ejemplo. Ya me entendéis.


Es cierto que Jesús Carrasco consigue deleitar el lector con la plasticidad de algunas pocas descripciones y la riqueza de su vocabulario, sin embargo, exceptuando uno o dos capítulos en la reta final, sus letras carecen de esa pasión que diferencia un muy buen texto de un relato inolvidable (¡qué subjetivo!, ¿verdad?). Otro punto que, probablemente, no juega a su favor radica en la cantidad de páginas que separan el inicio de la narración de la acción propiamente dicha. En mi opinión, el autor sólo consigue atrapar plenamente el lector una vez traspasado el ecuador de la novela, y esa percepción no puede disociarse de la violencia y repulsa inherentes a la causa de la escapada del niño. Y ahí lo dejo, con el fin de avivar la curiosidad de los potenciales lectores.


Sentado todo lo anterior, importa destacar que “Intemperie” es una buena novela primeriza,  muy bien escrita y de lectura ágil dirigida a un amplio público. Ahora bien, nada de esto quiere decir que me atreva a posicionar a su autor a la altura del restringido círculo de autores malditos o, como precipitadamente afirmaran algunos sobre David Vann, a considerarlo uno de sus sucesores naturales. Eso el tiempo lo dirá.

Jesús Carrasco

Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) trabaja como redactor publicitario, actividad que compagina con la escritura. La novela “Intemperie”, que ha tenido una entusiasta acogida en las editoriales extranjeras antes incluso de su publicación en España, se editará en trece países.

 

Conclusión: No es McCarthy. No podría serlo. Sería demasiado fácil.
Aun así “Intemperie” es una buena novela primeriza
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