2012 | 184 pp. | Anagrama | Mr Gwyn | 9788433978493

 

“Mientras caminaba por Regent’s Park -a lo largo de un paseo que, de entre muchos, elegía siempre-, Jasper Gwyn tuvo de pronto la límpida sensación de que todo lo que hacía cada día para ganarse la vida había dejado de ser adecuado para él. Ya le había asaltado en otras ocasiones este pensamiento, pero nunca con semejante nitidez y tanta gracia.”


Impresiones: En una época en la que el tema de la crisis del sector del libro está en el orden del día, editores, libreros y escritores son llamados a adaptarse a los nuevos tiempos y a reinventarse. Y eso es exactamente lo que hace Jasper Gwyn, un conocido escritor británico, que un buen día decide cambiar de oficio y convertirse en copista. En todo caso, esta decisión no viene motivada por una crisis de inspiración, sino, más bien, por el florecimiento de un sentimiento de vacío al que no consigue ponerle remedio. Pero, como le preguntan sus amigos más cercanos, ¿qué clase de idea es esa? ¿Qué significa realmente eso de ser copista en la era del libro electrónico? Pues bien, la respuesta a tal misterio la encuentra el mismísimo Jasper Gwyn durante una visita ocasional a una galería de arte, de la que sale con el firme y, a la vez, excéntrico propósito de “escribir retratos”.


La novela, que se presenta como una historia de amor e intriga, tiene su encanto. No obstante, el tono azucarado y explicativo de Baricco (“volvió a mirar la foto en el catálogo, luego de nuevo la pared – era evidente que algo había pasado entre la foto y el cuadro”) me deja en una encrucijada a la hora de formular una recomendación. En mi caso particular, la experiencia se acerca a lo que sería la lectura de un libro con subtítulos que, además de carecieren de importancia en lo que a la trama se refiere, parecen estar destinados a anular la capacidad imaginativa del lector. De todos modos, ésta es sólo la modesta opinión de una principiante que ha conocido a Baricco en la mesa de novedades de una librería.


En fin, “Mr Gwyn” es una novela entretenida y de lectura ágil que rinde un bonito homenaje al acto de escribir. Sin embargo, pese a la originalidad de la idea de partida, el libro, en mi opinión, no destaca en su conjunto, ni tampoco ofrece episodios o citas memorables y, todo ello, hace que uno avance hacía la siguiente lectura sin apenas mirar atrás.

 

Alessandro Baricco (Turín, 1958) dirigió el programa de libros “Pickwick” para Raitre, que “invitó a los italianos a redescubrir el placer de la lectura“, y en 1994 fundó en Turín una escuela de técnicas de escritura, llamada Holden (como homenaje a Salinger). Con “Seda” (2005), que se ha convertido en un long-seller ininterrumpido, tanto en Italia como internacionalmente, se consagró como uno de los grandes escritores italianos de las nuevas generaciones.

 

Conclusión: Una novela sobre la figura del escritor que se deja leer