Del 05 de abril al 23 de junio, la Fundación Calouste Gulbenkian (Lisboa, Portugal) acoge la exposición Clarice Lispector: La hora de la estrella, invitando al lector o al espectador curioso a adentrarse en el palpitante e inquietante universo literario de una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX. Comisariada por Julio Peregrino y Ferreira Gullar, la muestra, así como la propia obra de esta autora de culto vanguardista, apelan a la exploración de las posibilidades narrativas del lenguaje y de la condición femenina y humana. Y, esto lo confirma un largo fragmento, extraído de la obra “A Descoberta do Mundo” (1984), que enaltece su veneración por la lengua portuguesa y se encuentra justo por detrás del umbral de la entrada:


Esta es una confesión de amor: amo la lengua portuguesa. No es fácil. No es maleable. Y, como no fue profundamente trabajada por el pensamiento, tiende a no tener sutilezas y a reaccionar, a veces, como un verdadero puntapié contra los que temerariamente osan transformarla en un lenguaje de sentimiento y de vigilancia. Y de amor.”

Decir lo indecible, por Clarice Lispector

Sin embargo, el primer encuentro formal entre el visitante y la autora tiene lugar en un espacio denominado “decir lo indecible”, donde se exponen algunas fotografías de Lispector de diferentes épocas, impresas en tela de vinilo transparente, que se sobreponen a una serie de citas que enfatizan el proceso creativo y recalcan ese duelo constante con la palabra heredada. “¿Será que escribir no es un conflicto? No existe aprendizaje, ¿entonces? ¿Qué es? Sólo me consideraré escritora el día que diga: sé cómo se escribe (in “A Descoberta do Mundo”).


A continuación, el visitante es conducido por un pasillo hasta un espacio que pretende recrear el humilde ambiente de la habitación de una empleada del hogar, con una cama y un colchón, coincidiendo con el escenario en el que se desarrolla la trama de “La pasión según G. H.” (1964). En las pulcras paredes blancas que lo delimitan se exhiben citas impresas en relieve en las que la autora habla sobre la existencia y el cotidiano: Esa cosa sobrenatural que es vivir. El vivir que yo había domesticado para convertirlo en familiar. A todo este imponente despliegue de su mensaje literario se suma una galería más con pasajes de “La Manzana en la Oscuridad” (1961) y “Agua Viva” (1973), grabados en el cristal de pequeñas vitrinas, que se hacen acompañar de fotografías de Daniela Thomas que ilustran algunas referencias recurrentes en su obra: el mar, el árbol, el perro.

“La pasión según G. H.” (1964)Fragmentos, Clarice LispectorPese a la importancia que cobran los textos diseminados en el espacio, y su indiscutible impacto visual, las siguientes salas inciden esencialmente sobre su perfil biográfico. En ellas, se brinda así al visitante la oportunidad de asistir a la proyección de una entrevista a la autora grabada en 1977 (siendo estas las únicas imágenes en movimiento existentes de la misma), de vagar por una instalación de espejos y luces donde se señalan todos los lugares recorridos por Lispector y de descubrir sus más íntimos secretos, delicada y misteriosamente guardados en cajones de madera, cerrados bajo llave, que revisten toda la estancia. Y, desde mi punto de vista, este último rincón es indudablemente el más original y acogedor de todo el recorrido.


Antes de dirigirse a la salida, el visitante puede perderse, durante un largo periodo de tiempo, en la contemplación de documentos personales, manuscritos, correspondencia, críticas, álbumes de familia, crónicas periodísticas, dibujos, etc. Aquí uno se queda con la sensación de que ha penetrado un universo vedado al público en general, un lugar que ofrece información privilegiada sobre lo que generalmente no tiene cabida en los sucintos resúmenes biográficos presentes en los medios. Por ejemplo, mientras trabajaba en su obra “Agua Viva”, Lispector dejó unas anotaciones sueltas en una hoja amarillenta señalando algunos de sus propósitos, entre los que destacan “esperar el enredo”,  “escribir sin premio”, “abolir la crítica que todo seca”; y, posteriormente, cuando sometió el manuscrito, escribió de su puño y letra: éste es un no-libro. Otra curiosidad interesante es su colaboración, bajo el seudónimo de Helen Palmer, en la columna Correo Femenino, publicada por el periódico Correio da Manhã (1959), dedicada a las amas de casa, damas y señoritas; o la carta que escribe al Presidente de la República Federativa de Brasil, solicitando la nacionalización para poder casarse con el diplomático Maury Gurgel Valente.

Una vez terminado este fascinante viaje, me gustaría dedicar esta crónica a dos grandes compañeros en estas andanzas, Rafael Gancedo y José Martín, lectores apasionados de Clarice Lispector, quienes me han incentivado a descubrir a una autora que “escribe como quien aprende“.


Paulo Rugel Valiente, hijo de Lispector, hablando sobre la exposición


Fotografías: Marisa Amaro