Un paseo por la “Ciudad Abierta”, de Teju Cole

Posted on octubre 9, 2013

“Experimentamos la vida como un continuo y sólo una vez que declina, una vez que se vuelve pasado, vemos las discontinuidades. El pasado, si existe, es sobre todo, espacio vacío, grandes extensiones de nada en las cuales flotan personas y acontecimientos significativos.” 

 
“Hace demasiado tiempo que se nos enseña que la visión de un hombre hablando consigo mismo es un signo de excentricidad o de locura, hemos perdido totalmente el hábito de oír nuestras voces, como no sea en una conversación o protegida por una multitud vociferante. Pero un libro es una sugerencia de conversar: una persona le habla a otra, y en ese intercambio el sonido audible es o debería ser natural.”


Hay días en que es absurdo sentarse a leer novelas. Eso fue exactamente lo que me pasó este caluroso y fatigante verano, en el que no hice más que errar de libro en libro que, por alguna extraña razón, no lograban despertarme de ese asombroso estado de apatía lectora. De todos modos, durante ese período, por mis manos pasaron un número razonable de títulos y autores pendientes de descubrir que, tras estos meses de silencio (forzado y, luego, voluntario), merecen ser recordados. Uno de ellos fue, precisamente, “Ciudad Abierta” (2012) de Teju Cole. En sus páginas, el autor hace uso de una serie de instantáneas de ciudades a ambos lados del océano Atlántico, en concreto de Nueva York y Bruselas, de caras sin rostro, de encuentros fortuitos, de momentos de júbilo y pesar, de obsesiones y deseos para tejer una trama que parece desarrollarse a ritmo de caminata. Lo más interesante y sorprendente de esta lectura radica, entonces, en la capacidad de Teju Cole para conquistar al lector sin recurrir a episodios trascendentes o reflexiones fascinantes, haciéndole ingenuamente creer que la escritura es un ejercicio tan sencillo como vagar sin destino por los callejones de muros de ladrillo y puertas cerradas – “rutas preferidas de nadie hacia ningún destino” – de una ciudad, o desnudarse delante de una página en blanco. En todo caso, “Ciudad abierta” no es un libro de viajes, sino, más bien, una invitación a pasear.  Una promesa de complicidad.


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Páginas sueltas #23: La soledad de los prisioneros libres

Posted on agosto 1, 2013

En el culo del mundo, de António Lobo Antunes (1979):

Porque siempre he estado aislado, Sofia, durante la escuela, el instituto, la facultad, el hospital, el matrimonio, aislado, aislado con mis libros demasiado leídos y mis poemas pretenciosos y vulgares, el ansia de escribir y el tormento de no ser capaz, de no lograr traducir en palabras lo que deseaba gritar al oído de los otros y que era Estoy aquí, Miradme que estoy aquí, Oídme hasta en mi silencio y comprended, pero no se puede comprender, Sofia, lo que no se dice, las personas miran, no entienden, se marchan, conversan unas con otras lejos de nosotros, olvidadas de nosotros, y nos sentimos como las playas en octubre, deshabitadas de pies, que el mar asalta y deja en el balanceo inerte de un brazo desmayado. Siempre he estado solo, Sofia, incluso en la guerra, sobre todo en la guerra, porque la camaradería de la guerra es una camaradería de generosidad falsa, hecha de un inevitable destino común que se sufre en conjunto sin que en realidad se comparta (…)” 

 

Fotografía: Manu Arenas

The last page # junio

Posted on julio 9, 2013

1. Offuscatio recomienda: Parece que cuando el termómetro confirma que el verano ha venido para quedarse, muchos lectores buscan amenizar las calurosas tardes leyendo una novela entretenida y ligera, sin muchas pretensiones. A tales lectores, ahora mismo, se me ocurre recomendarles El huevo ingenioso (1985), de James McClure, y Kafka (2007), de David Zane Mairowitz y Roberto Crumb. La primera es una novela negra clásica, ambientada en Sudáfrica, mientras la segunda es una novela gráfica que, seguramente, resultará muy instructiva para todos aquéllos que deseen iniciarse con un escritor que nos concierne a todos. Además de algunos cuentos ilustrados, el libro ofrece también un fiel retrato de su vida, de su carácter y de sus temores. En suma, una novela más que recomendable, por lo menos, para principiantes.


En lo que a los libros de relatos se refiere, este mes he leído Norteamérica profunda (2012), de Juan Carlos Márquez, y La última noche (2006), de James Salter. Y, en este caso, si el primero resultó ser todo un acierto, tanto por las tramas como por el estilo narrativo, el segundo, paradójicamente, se posiciona ahora entre los fiascos literarios del año. No obstante, tamaña decepción no fue suficiente para frenar mi interés por este escritor tardío (e incompleto), puesto que, a continuación, me embarqué en la lectura de sus memorias. En Quemando los días: Reminiscencias (2010), Salter relata, de forma minuciosa, sus fascinantes y tedioso viajes a París, Roma y Nueva York; los incontables y repetitivos días como piloto las Fuerzas Áreas norteamericanas y como guionista de cine; y casi nada sobre su oficio de escritor y su condición de humilde lector. Desafortunadamente, todo indica que Salter es autor de una sola (buena) novela; no merece la pena seguir indagando.


Por último, hay que destacar la lectura de una novela en miniatura, intitulada  Reencuentro (1971). En sus páginas, Fred Uhlman pone en evidencia el impacto del antisemitismo en una bonita historia de amistad entre dos jóvenes alemanes de dieciséis años en el período que antecede la eclosión de la Segunda Guerra Mundial. Siendo sincera, he de admitir que buscaba en esta lectura una experiencia similar a la de Paradero desconocido (1932) de Kressmann Taylor, pero, en mi opinión, la novela carece de la emotividad y la profundidad que convierten a esta última en una pequeña obra maestra. A título de curiosidad y como respuesta a algunos de los comentarios dejados en la respectiva entrada sobre la carátula de la novela, utilizada tanto por Tusquest Editores como por Seix Barral, señalar que la misma es una representación parcial del cuadro a óleo de Norman Rockwell, pintado en 1951 e intitulado “Saying grace”.

Estante junio 2013

2. La cita de junio: “Las flores siguen abriéndose, fértiles, blancas, manchadas de naranja. El agua se les sube a la cabeza con mayor rapidez – el agua y acaso la soledad, el silencio, el gozo de vivir sin prudencia alguna.”

Autorretrato con radiador (1997), de Christian Bobin


3. Adquisiciones: De entre los libros que aterrizaron en mis estantes durante el mes de junio destacan Autorretrato con radiador (1997), del francés Christian Bobin, cuya reseña podréis leer en el blog Galletas Chinas; la novela gráfica sobre la figura de Kafka presentada anteriormente; y, el bestseller Rehenes (2013), del escritor alemán Stefan Heym.