Entradas etiquetadas como “Fragmentos

Páginas sueltas #23: La soledad de los prisioneros libres

Publicado el agosto 1, 2013

En el culo del mundo, de António Lobo Antunes (1979): «Porque siempre he estado aislado, Sofia, durante la escuela, el instituto, la facultad, el hospital, el matrimonio, aislado, aislado con mis libros demasiado leídos y mis poemas pretenciosos y vulgares, el ansia de escribir y el tormento de no ser capaz, de no lograr traducir en palabras lo que deseaba gritar al oído de los otros y que era Estoy aquí, Miradme que estoy aquí, Oídme hasta en mi silencio y comprended, pero no se puede comprender, Sofia, lo que no se dice, las personas miran, no entienden, se marchan, conversan unas con otras lejos de nosotros, olvidadas de nosotros, y nos sentimos como las playas en octubre, deshabitadas de pies, que el mar…

Páginas sueltas #22: Largas cartas húmedas de amor

Publicado el junio 20, 2013

Memoria de Elefante, de António Lobo Antunes (1979): «Largas cartas húmedas de amor« «Te amo tanto que no sé amarte, amo tanto tu cuerpo y lo que en ti no es tu cuerpo que no comprendo por qué nos perdemos si a cada paso te encuentro, si siempre al besarte besé más que la carne de la que estás hecha, si nuestro matrimonio se consumió de juventud como otros de vejez, si después de ti mi soledad se acrecienta con tu olor, con el entusiasmo de tus proyectos y con la redondez de tus nalgas, si me sofoco con la ternura de la que no logro hablar, aquí en este momento, amor, me despido y te llamo sabiendo que no vendrás y deseando que…

Páginas sueltas #21 – El señor Calvino

Publicado el marzo 5, 2013

Tras la exposición de una de las disertaciones enciclopédicas proferidas por el señor Henri (Micheaux) sobre el microscopio y la democracia, hoy os traigo la traducción propia de un simpático episodio protagonizado por otro singular residente de este barrio literario creado por Gonçalo M. Tavares: «Calvino tenía en sus manos un libro cuya tapa estaba ya completamente descolorida por el sol. Lo que antes era un color verde-oscuro estaba ahora transformado en un verde tranquilísimo, casi transparente. Miró los demás libros en la estantería. Todos estaban a perder su color original, como si la luz del sol masticase o royese  – sí, aquello parecía el trabajo de un roedor sutil – la tapa de los libros. (…) Miró de nuevo la estantería y las…