2013 | 107 pp. | Salamandra | Nagasaki | 9788498384963   «Hay que imaginarse un cincuentón decepcionado por serlo tanto y tan pronto, domiciliado en las afueras de Nagasaki, en una casita de un barrio con calles de cuestas vertiginosas. Y ver esas serpientes de blando asfalto que reptan hacia la cima de los montes, donde una muralla de caóticos y torcidos bambúes detiene el hervidero urbano de tejados, terrados, techados y sabe Dios qué más.» Impresiones: En “El alcohol y la nostalgia”, Mathias Énard escribió: “las ciudades (…) nos transforman, son ellas las que nos habitan y no al revés; modifican nuestra marcha, ritman nuestro paso, alteran nuestra elocución, nuestras más íntimas costumbres”. Y, basta leer el párrafo introductorio de “La intrusa” (o, incluso,…